La impresora no imprime: ¿es la toma de red o es el ordenador? Caso real de diagnóstico
Caso real de una multifunción de oficina que no imprimía. El cliente creía que era la toma de Internet, y en parte lo era. Diagnóstico paso a paso de la toma RJ45, la clavija, la IP y los drivers.

Uno de los avisos más habituales que recibimos en oficinas y pequeños negocios es siempre el mismo: "la impresora no imprime". Y casi siempre viene con un diagnóstico ya hecho por el cliente. En este caso lo tenía claro: era la toma de Internet.
Tenía razón… a medias. Había un problema real en la toma de red. Pero cuando la toma quedó perfecta, la impresora seguía sin imprimir, porque había una segunda avería completamente independiente en el otro extremo de la cadena.
Contamos la intervención entera, con el diagnóstico real y con las mediciones que se hicieron sobre la marcha.
El punto de partida: separar el problema en capas
Cuando un equipo de red no funciona, el error más caro es empezar a cambiar cosas. Lo primero es dividir el problema y verificar cada capa por separado:
- Capa física: el cable, la toma de red de la pared y la clavija RJ45 del latiguillo. ¿Hay continuidad correcta en los 8 hilos y en el orden correcto?
- Capa de red: ¿hay enlace? ¿A qué velocidad? ¿El equipo tiene una IP estable? ¿Responde a un ping desde el ordenador que tiene que imprimir?
- Capa de equipo: ¿el ordenador tiene el driver instalado y la cola de impresión apuntando al sitio correcto?
En este aviso el fallo estaba repartido entre la capa 1 y la capa 3. Que es justo el escenario que más despista, porque al arreglar la primera avería el síntoma no desaparece y da la sensación de que la reparación no ha servido de nada.
Primera avería: ¿era la toma o era la clavija?

Al conectar el comprobador de cableado, el resultado no dejaba lugar a dudas: la línea solo daba continuidad en cuatro de los ocho hilos. Faltaban, entre otros, los pines 1, 2 y 3.
Eso es mucho más grave que un simple hilo suelto, y explica el síntoma por completo: los pines 1-2 y 3-6 son los que utiliza Ethernet para transmitir y recibir a 10 y 100 Mbps. Sin ellos no hay enlace de ninguna clase, a ninguna velocidad. La impresora no es que fuera lenta: es que estaba eléctricamente desconectada de la red aunque el cable estuviera enchufado.
Y hubo un segundo detalle en el proceso: en el primer intento de clavija, el hilo que se quedaba fuera era el 5. Ese caso merece explicación aparte, porque es una trampa clásica que conviene conocer.
Por qué el hilo 5 es especialmente traicionero
En un cableado con norma T568B, el pinado de un RJ45 es este:
| Pin | Hilo |
|---|---|
| 1 | Blanco-naranja |
| 2 | Naranja |
| 3 | Blanco-verde |
| 4 | Azul |
| 5 | Blanco-azul |
| 6 | Verde |
| 7 | Blanco-marrón |
| 8 | Marrón |
Los pines 1-2 y 3-6 son los que utiliza Ethernet a 10 y 100 Mbps. Los pines 4-5 y 7-8 solo entran en juego cuando el enlace negocia 1 Gbps (1000BASE-T), que necesita los cuatro pares.
La consecuencia práctica en un diagnóstico es enorme:
Un fallo en el hilo 4, 5, 7 u 8 deja una toma aparentemente funcional. El equipo enlaza, coge IP y navega… pero nunca por encima de 100 Mbps, porque el gigabit es imposible con un par abierto. Es el clásico "a mí me funciona" que después se traduce en transferencias lentísimas, escaneos que tardan una eternidad o enlaces inestables.
Por eso una comprobación de una toma no puede quedarse en "enlaza, luego va bien": hay que verificar los ocho hilos, uno a uno. En este caso, además, la propia impresora nos permitió comprobar después a qué velocidad estaba negociando el enlace, que es el otro dato que casi nadie mira.
El proceso: rehacer la clavija, medir, rehacer la toma, medir

El diagnóstico se hizo por eliminación, midiendo entre paso y paso:
- Se rehízo la clavija RJ45. El comprobador seguía marcando fallo en los mismos hilos. Cuando repites el conector y el fallo se mantiene exactamente igual, la probabilidad de que el problema esté en el conector nuevo es muy baja: lo lógico es que esté aguas arriba.
- Se rehízo también la toma de la pared (el keystone). A partir de ahí, la comprobación dio correcta.

La conclusión honesta del caso es esta: la clavija ya estaba bien tras rehacerla, y el fallo real estaba en la toma. Al haber intervenido en los dos extremos no queda una prueba de laboratorio al 100 %, pero la secuencia apunta claramente: el fallo sobrevivió al cambio de clavija y desapareció al rehacer el keystone.
Y deja una lección de método que aplicamos siempre: cambia una sola variable cada vez y vuelve a medir. Si se rehacen clavija y toma en la misma pasada, se pierde la información del diagnóstico.

El detector de tonos: para saber qué cable es cada uno

En instalaciones sin etiquetar, antes de tocar nada hay que saber qué cable es cual. El generador de tonos y la sonda permiten identificar el recorrido de una línea concreta desde la roseta hasta el rack sin desmontar media oficina ni desconectar líneas que sí funcionan. Es la diferencia entre trabajar con criterio y trabajar a base de probar.
Por qué fallan las tomas de red (y casi nunca el cable)
En oficinas, cuando una toma de red falla rara vez es porque el cable esté roto por dentro. Las causas habituales son de conectorización:
- Hilo mal asentado en el contacto IDC del keystone: parece insertado, pero la cuchilla no ha llegado a morder el cobre. Es el fallo número uno y da "abierto" en hilos sueltos.
- Destrenzado excesivo del par antes del contacto, que degrada el rendimiento y facilita fallos intermitentes.
- Conductor dañado al pelar la cubierta: un corte en el cobre que aguanta un tiempo y luego se abre.
- Mezcla de normas: T568A en un extremo y T568B en el otro.
- Falta de presión en el crimpado o herramienta en mal estado.
- Oxidación o suciedad en contactos de tomas antiguas.
Nuestra recomendación en cualquier revisión: si una toma da un fallo raro, se rehace la toma completa antes de perder una hora persiguiendo fantasmas. Es más rápido y más fiable.
Latiguillo a medida, y cerrar bien la instalación

En vez de dejar un latiguillo comercial sobrante enredado detrás de la máquina, se confeccionó uno a la medida del hueco. Y al terminar, la gestión de cableado: recogida del sobrante y bridas.

No es estética por capricho. Un cable recogido no se pisa, no se tira al mover la máquina para cambiar tóner y no arranca la clavija del keystone. La mayoría de las averías "que aparecen solas" en tomas de datos vienen precisamente de ahí.
Segunda avería: la red ya iba, y la impresora seguía sin imprimir
Con el canal correcto, la impresora seguía sin sacar trabajos. Aquí ya no era instalación: era configuración informática.
Primer malentendido: la impresora no era "del 2003"

Esto merece apartado propio porque es un error extendidísimo. La máquina era una Ricoh MP C2003, multifunción A3 color de oficina. Ese número no es el año: es el nombre del modelo. La serie es de en torno a 2013, y Ricoh sigue publicando controladores actualizados para ella.
Es decir: no estábamos ante una máquina obsoleta y sin soporte, sino ante una máquina perfectamente utilizable a la que le faltaba el driver en el ordenador. La diferencia importa mucho, porque el presupuesto de "hay que cambiar la multifunción" y el de "hay que instalar el driver" no se parecen en nada.
La propia impresora nos dio la prueba del argumento del cableado
Toda multifunción de este tipo puede imprimir su página de configuración de red. Es lo primero que pedimos siempre, porque en una hoja tienes la MAC, la IP, la máscara, la puerta de enlace, los protocolos activos y —el dato que más se ignora— la velocidad negociada del enlace.

En esta hoja se leía que la tarjeta de red del equipo es 10/100/1000 y que el enlace estaba negociado a 100 Mbps full-duplex. Es exactamente el síntoma del que hablábamos: una máquina capaz de gigabit trabajando a 100.
Ese dato solo puede venir de tres sitios: del canal de cobre, del puerto del switch o del router al que llega, o de una velocidad forzada en la configuración del propio equipo. Un enlace que funciona no es lo mismo que un enlace correcto, y saber en qué punto está el límite es lo que permite decidir con criterio.
Y aquí viene una decisión que conviene explicar: no todo lo que se detecta se arregla
La instalación de datos de la oficina era antigua. El canal era el que había: se sustituyeron los elementos de conexión —el keystone y la clavija, con material actual— pero el cable de la instalación es el original.
Con los ocho hilos dando continuidad correcta, el enlace a 100 Mbps apunta a la categoría real del cable de obra, a un par degradado por antigüedad, o al propio puerto al que llega la línea. Y aquí conviene ser honesto con lo que las herramientas pueden y no pueden decir:
Un comprobador de continuidad confirma que los ocho hilos llegan y en el orden correcto. No mide categoría, ni atenuación, ni diafonía. Para afirmar que un canal cumple Clase E o superior hace falta un certificador, no un comprobador. Todo lo demás es hipótesis razonable, y así hay que presentarlo al cliente.
La decisión fue no tirar cable nuevo, y fue la correcta. El motivo es simple: el equipo que cuelga de esa toma es una multifunción. Para imprimir y escanear, 100 Mbps full-duplex sobra con holgura. Recablear el tramo habría supuesto obra, canaleta o pasar por falso techo, y un sobrecoste que no se traduce en ninguna mejora perceptible para el uso real de ese puesto.
Otra cosa sería si en esa toma fuera a colgar un puesto de trabajo con acceso intensivo a servidor, un NAS o un punto de acceso WiFi moderno: ahí el gigabit sí es un requisito y el recableado se justifica solo.
La regla que aplicamos: la limitación se mide, se explica al cliente y se deja documentada. Se corrige cuando el uso lo pide, no por deporte. Un presupuesto honesto es el que distingue entre lo que hay que arreglar hoy y lo que hay que tener en cuenta el día que esa toma cambie de función.
Un apunte de material, por si sirve a alguien: la categoría de un canal la marca su elemento más flojo. Poner un conector de gama alta sobre un cable antiguo no eleva la categoría del enlace, y un conector apantallado sobre un cable sin pantalla no aporta nada, porque no hay pantalla que dar continuidad. No es un error, simplemente no suma nada al resultado.
Una IP estable: reserva DHCP y dirección fija
Para que un ordenador imprima en una multifunción de red hacen falta tres cosas, y las tres tienen que estar bien:
- Dirección IP estable en la impresora. Si la máquina coge una IP distinta cada vez que se reinicia, la cola de impresión deja de funcionar cada pocas semanas y nadie entiende por qué. Aquí se hizo doble aseguramiento: reserva por MAC en el router y dirección especificada en el panel de la máquina.


- Puerto de impresión correcto en el PC. En estas máquinas lo estándar es un puerto TCP/IP estándar en modo RAW por el 9100 (en la página de configuración aparece como puerto Diprint), o LPR según la configuración del equipo.
- Driver instalado en cada ordenador que vaya a imprimir. Sin driver no hay impresión, aunque el ping funcione perfectamente.
El fallo estaba en el punto 3.

Un detalle de oficio: dejar la IP anotada en la propia máquina. La próxima persona que tenga que añadir un puesto no pierde veinte minutos buscándola. Mejor con etiqueta impresa que con rotulador, pero anotada.
¿Se puede automatizar la instalación del driver? Sí
Es una pregunta muy razonable cuando hay varios puestos. En este caso se resolvió con el instalador del propio fabricante, que hace un descubrimiento automático en la red local y presenta la máquina con su IP: se selecciona, se elige el driver y listo, sin escribir la dirección a mano.

Las opciones disponibles, de menos a más automatizadas:
- Instalador del fabricante con búsqueda en red. Lo más directo cuando hay uno o pocos puestos, y el que se usó aquí.
- Detección automática de Windows (WSD). La página de configuración de esta máquina confirmaba que tiene WSD activo, así que Windows puede descubrirla y montar la cola casi sin intervención. Es sensible a la red: no cruza VLAN ni subredes y depende de que el descubrimiento de redes esté activo.
- Windows Update. Históricamente descargaba el driver del fabricante de forma transparente. Esto está cambiando: desde enero de 2026 no se publican controladores de impresora de terceros nuevos por Windows Update para Windows 11 y Windows Server 2025, y desde julio de 2026 Windows prioriza su propio driver de clase IPP cuando existen las dos opciones. Los instaladores del fabricante siguen funcionando con normalidad.
- Cola compartida en un servidor o en un PC principal, para que el resto de puestos instalen el driver al conectarse. Es la opción clásica y sigue siendo la más práctica en oficinas pequeñas.
- Despliegue por GPO o MDM en entornos con dominio o gestión centralizada.
- Driver universal del fabricante, útil para estandarizar puestos con modelos distintos.
Una advertencia importante en 2026: en multifunción A3 de oficina, el driver genérico IPP de Windows imprime, pero suele perder funciones. Dúplex, selección de bandejas, grapado, códigos de usuario o escaneo pueden desaparecer o comportarse de otra forma. En una máquina así, lo recomendable sigue siendo instalar el driver del fabricante y no dejar que el sistema elija por su cuenta.
Qué otras causas se descartan (y conviene descartar siempre)
En un aviso de "la impresora no imprime" en red, este es el orden de comprobación que aplicamos:
- Estado del panel de la propia máquina: avisos de tóner, atascos, bandejas abiertas.
- Enlace físico: LED del puerto de la impresora y del switch. Sin enlace, no se sigue por arriba.
- Toma, latiguillo y clavija: comprobación de los 8 hilos, no "parece que va".
- Velocidad negociada del enlace en la página de configuración de la máquina.
- Latiguillo de sustitución conocido y funcionando, para separar el cable del canal fijo.
- IP y ping desde el ordenador que tiene que imprimir, no desde otro.
- Puerto de la cola de impresión en el PC: es muy habitual encontrar colas apuntando a una IP antigua.
- Servicio de cola de impresión y trabajos atascados.
- Firewall o segmentación de red: impresora y puesto en subredes o VLAN distintas sin ruta ni permisos.
- Driver instalado y correcto para la versión y arquitectura de Windows del equipo.
Conclusión: el cliente tenía razón, pero no toda la razón
Este caso resume bien por qué un diagnóstico ordenado ahorra dinero. La hipótesis del cliente era correcta: había un fallo real en la toma de red, y era lo bastante grave como para dejar la máquina sin conexión. Pero arreglarlo no bastaba, porque el síntoma que el cliente veía —"no imprime"— tenía dos causas encadenadas y la segunda estaba en el ordenador.
Si se hubiera parado ahí, la impresora habría seguido sin imprimir y la sensación habría sido de trabajo mal hecho. Y al contrario: si se hubiera ido directamente al ordenador a instalar el driver, la instalación habría quedado con una toma defectuosa y con un fallo latente esperando a aparecer con el primer equipo gigabit que se conectara ahí.
Un aviso, dos averías, dos oficios: cableado estructurado y mantenimiento informático. En Grupo INERBI trabajamos las dos cosas, y precisamente por eso podemos cerrar el aviso completo en una visita en lugar de dejar al cliente coordinando dos empresas.
Si tienes tomas de red que fallan, impresoras que "van y no van" o una instalación de datos que nunca se llegó a comprobar, damos servicio en León, El Bierzo, Asturias, Palencia, Zamora y Ourense. Escríbenos y lo revisamos con instrumentación, no a ojo.


